28/4/08

Tú verás



Te voy a dar ventaja, haré como esos lobos que en la disputa de jerarquías, terminan ofreciendo el cuello al animal dominante, en señal de acatamiento. Me perdonarás no obstante que te dé la espalda, como me dijo en uno de mis viajes, el cacique de una tribu caníbal al empezar la cena. Lo hago; no por cobardía, o por regatear arterias que prueben mi buena fe, lo hago para no ver tus ojos; porque si su mirada es aún más intensa de lo que imagino, no podría resistirlo. Podrás morder, todo lo profundo que deseares, que yo me habré desmayado al sentir la avanzadilla de tus labios húmedos. Pero; ¡ay cuando me dé la vuelta!, sabrás porqué Miguel Hernández declaró la dentadura un arma; artilugio primitivo que puede modularse, y tornar saña en placer. Sentirás algo así, como aquel algodoncillo que precedía el llanto y el entrecerrar de ojos y músculos, en la blanca habitación del miedo prevenido de tus primeros años. No habrá aguja esta vez, podrás relajarte, y tras la tibia caricia que lubrica, caerán unos dientes comedidos, ... y cometodo. Unos brazos que te estrechan, que provocan y reprimen el espasmo, y la daga rumbo a tu corazón, por el camino que menos resistencia ofrezca.

22/4/08

Caca

He exorcizado a muchos demonios a lo largo de mi vida; los he expulsado de mí, y les he visto huir vencidos; a otros, simplemente los he ido barriendo bajo la alfombra. No sé en realidad si venían de serie, o me los fueron colando, en cada conducta a imitar, en cada gratificación, caricia o promesa de una vida mejor; la cuestión es que ese grupito del fondo, se me resiste.
Están como envalentonados estos días de viento; se adueñan de la casa y sus decisiones. En el escenario peripatético de "casa tomada", todo lo agitan con su furia de luces y sombras repentinas; el balancear violento de mi jardín, que sacude sus banderas agradecido por el agua.
De mí también se han adueñado, y braman mis entrañas por un poco de pelea, por un quítame allí esas pajas, o un cambiar de emisora al primer: "como la copa de un pino" que suelte un locutor. Me pongo muy pejiguero estos días y me mantengo alejado de aquellos a quienes no me gustaría perder; una estrategia como otra cualquiera, para enfrentarme a ellos, los diablos recurrentes de la soledad voluntariosa.
¿Y la próxima Primavera?; ¿seré aún capaz de plantarles cara?; ¿de ganarles una vez más la partida como aquel pusilánime Dustin Hoffman en la magnífica "Perros de paja"?.
El azogue vencido por el tiempo no es capaz de devolver los reflejos de nuestra antigua lozanía, ellos en cambio, son siempre poderosos, ágiles y persuasivos.
Hay en el transcurso del tiempo, toda la información necesaria, para saber de que habremos de andar, lo que resta, con pies de plomo; porque nada es lo que parece, todo es una representación. Este guión tácito de la comunicación entre humanos; estos códigos no escritos, aceptados como norma, y fomentados desde la fuente común donde abrevan los televidentes; los empleados en su puesto de trabajo, y los desempleados desde el coro de la tragedia.
Tiempos de épicas domésticas; en las que habrá quienes nieguen tener para que les den; quienes lo hagan para que no les quiten; quienes mientan querer para que les quieran, y quienes quieran de un modo, que sólo conseguirán que les mientan.
La memoria puede escondernos las llaves, saltarse una mensualidad de la enciclopedia en fascículos sobre mantones de Manila, pero cada gesto, cada golpe recibido, escuece, casi, como el primer día; está ahí para decirnos : "caca, que te quemas"; y uno está ya tan quemado, que obedece a la primera.

8/4/08

El viaje

Quería dejar el oasis, pero los vientos del oeste no aconsejaban ninguna travesía; en las noches, miraba el fuego como único entretenimiento, intentando ver una señal que me guiara, o diera sosiego a esos días cuando sientes que es la hora de partir, pero nada perece presagiar que allí donde vayas, podrás escapar de esa angustia difusa que te impulsa al viaje, o haya un cielo protector sobre tu cabeza. Los vientos del desierto son devastadores, y es una suerte que no haya nada que puedan arrasar, porque su furia incontenible, lacera la parte expuesta de la piel, y puede llevarse, aún más lejos, los montes azules que a veces se ven hacia el norte.
Sólo veía mi pasado en las llamas, mi infancia cerca del mar, siguiendo a Faruk en sus correrías; los ojos de Anuri, como faros ardientes en un mar de arena tibia; a mi madre sonriendo alegre tras el vapor del té, e inferí que el futuro no existe hasta que no arribamos a él.
Las chispas ascendían y giraban enloquecidas antes de extinguirse contra la oscura mancha parda de la noche ventosa, y creía ver en ellas, los segundos que se perdían en la nada ubicua de la espera, el tiempo que se hunde en el olvido, sin haber dado de sí, más que un preámbulo vacío e inquietante, que hace grande cualquier acontecimiento, por nimio que este sea; una batalla de escorpiones, o el tesoro inesperado de una piedra de formas caprichosas que nadie más ha visto antes, y sabes, o crees (porque a veces necesitas creer), que estaba allí aguardándote.
Cesó el torbellino cuando Royam vino a verme; trajo la vida consigo, y con ella me vistió; me así a su cintura como un náufrago haría, y sentí mis latidos tronar vertiginosos, empujando la riada repentina de la sangre que alimenta los sentidos; sentí el abandono dulce de mis músculos, acunados por su respiración tranquila, el aroma de su pelo, y supe, que había llegado a destino.