20/7/08

El extranjero (Aiiioooo Siiilveeeer)

En realidad todos somos extranjeros, sólo que no de los mismos lugares. Basta a veces moverse un corto trecho para acceder a la categoría de foráneo, turista, o puto extranjero con aviesas intenciones.
La memoria es muy selectiva en estas cuestiones (sobre todo si es histórica); y no suele recordar la mano extendida, y el culo al aire, cuando se trata de los propios; mas las cosas son como son, o mejor dicho, están como están, y no es mi propósito abordar un tema tan complejo en este día.
Quiero referirme a los otros extranjeros, a los que son su propia patria, y cruzan fronteras al dar cada paso. De todo se puede ser extranjero, menos de uno mismo; y muchas veces quisiéramos renunciar a esa nacionalidad adquirida a golpe de placer y sopapos. Somos lo que nos ha pasado y lo que no, la lágrima, el gozo; la leche templada; el abrazo a tiempo o el desamor a destiempo, siempre a destiempo.
Siempre supe que era extranjero; desde la acuosa imagen de la algarabía de aquellos niños en su juego, vistos desde un exilio enfurruñado, hasta la pasmosa visión adulta de la demencia humana.
He cruzado todos los desiertos, menos uno, el de desterrarme de mí mismo; a él me aboco con un cierto cansancio, pero con la valiosa experiencia de cada páramo atravesado.
No soy de los que miran atrás, porque, el atrás, va prendido a mi estela, como un pingajo memorión; un archivo rico que ayuda a allanar el futuro.
Me llevo conmigo voces, aprendizajes y afectos: que pervivirán en estelares apariciones en las habituales superproducciones de mis sueños. A ellos regresaré también algunas noches en sus propios desvaríos nocturnos; mucho me gustaría fuera en el alado corcel de "El ladrón de Bagdad", o a bordo de una de esas magníficas alfombras mágicas, que no contribuyen al calentamiento global. Me temo no obstante, que serán bastante más prosaicas mis visitas, recorriendo con manos sedientas, los cuerpos manantiales de las mujeres a las que he amado, demorándome en los remansos habituales o buscando la dulce oscuridad abisal de sus entrañas. Con ellos, con mis compañeros de cromosomas, seré bastante menos efusivo, y no pasaré de un abrazo de duración convencional, que me ponga a salvo de las habladurías.
No me esperéis para cenar.

1/6/08

Libar

La lectura, como el vino, debe saborearse; el placer de tragar es siempre incompleto. La puntuación es el añejado de las palabras, tiempo y silencios que lo transformen en música sutil del entendimiento.
Me apena a veces, encontrar textos ricos, empobrecidos por una lenidad ortográfica que obliga a retroceder, no ya para volver a disfrutar, sino para tratar de entender.
Pretender que sean los demás los que terminen de escribir lo que uno apenas ha bosquejado, es un poco irrespetuoso a mi entender, porque no es importante cuánto escribas, sino que lo que has dejado para que otros lean, esté lo suficientemente definido como para que, las diversas interpretaciones que cabe esperar, no lo sean por una ambigüedad no buscada, y por lo tanto, más una piedra, un obstáculo, que un ejercicio de estilo.
Suelo leer en una voz interior, los textos que me encuentro; y es una partitura deliciosa aquella en la que no tropiezas en acentos olvidados, ni resbalas en ausencia de las comas. Suena entonces la melodía que acompaña el fraseo y la comprensión está garantizada; y cuando el ingenio y la sensibilidad rondan, te pierdes embelesado en otro ser humano. De eso se trata la literatura; no creo que sea necesario escribir un libro para empezar con las consideraciones gramaticales. Escribir, es suplir el habla con una representación simbólica, que obvia los efectos de la distancia y el tiempo; incluso puede saltarse la muerte, este camino de hormigas milagroso, que pone en contacto (y enfrenta) a los que se expresan.
Soy consciente de vivir en un tiempo presuroso, en el que la multiplicidad de estímulos fuerzan a las prisas, pero un bloguero no es un periodista; es más, la mayoría de ellos mismos, no lo son, y los correctores de texto pueden ser de ayuda en tanto se afianza el conocimiento y respeto de nuestra rica lengua.
Hace ya setentaicinco años, Fernando Pessoa observaba lo siguiente:
" El pensamiento puede tener elevación sin tener elegancia y, en la proporción en que no tenga elegancia, perderá la acción sobre los demás. La fuerza, sin la destreza, es una simple masa."

14/5/08

Culto

A veces soy capaz de escuchar el zumbido del mundo al desplazarse; soy capaz de ver lo que nunca ocurrió ni ocurrirá, con la misma nitidez con que, jamás te he visto, ni te veré.
Jane Siberry siempre me cuenta que antes de que empezara el mundo, el silencio era sólo interrumpido por la ausencia del tintinear de los mástiles, porque no había viento, ni sol que le moviera; y a veces, un ave no sobrevolaba aquel lugar, y algunos miraban al cielo y preguntaban:
¿qué no ha sido eso?.
Yo le creo, sobre todo por las noches, cuando los mundos tienden a confundirse, y se suceden los rostros amados, en blanco y negro, con fantasías multicolores sembradas de desconocidos, y ella me canta:
"En el comienzo del tiempo".
Invoco al sueño como quien reza a su dios, y él termina apareciéndose ante mi, con su iconografía disparatada y prometedora, para llevarme lejos.
Es a veces un engorro tratar con los seres nocturnos, porque son de lo más impredecible; anoche, sin ir más lejos, los caseros de mi bungalow en Albuquerque, unos granjeros, me reclamaban una fianza por el deterioro del suelo. Me lo enseñaban para justificar su petición, y yo veía aquel suelo por primera vez. Afortunadamente, siempre existe la posibilidad de excusarse un momento, y aparecer en la playa de Botafogo, o Copacabana.
Es lo que me gusta de mi dios,... ubicuidad, flexibilidad. Uds. perdonen, toca oración.

8/5/08

Aquœ

Luchando contra el frío, contra el calor, contra la sed y el hambre, se construyen las naciones; o sea, sobre la necesidad. Lo malo es que al arribar a lo necesario sin grandes esfuerzos, algunos pueblos entienden que un superávit tampoco estaría mal, y queremos jugar al golf en la sabana africana; llenamos un botellín de 200 cc en la ducha de la piscina municipal, con un dispendio de tres o cuatro litros de agua pública. Somos muy generosos con lo que creemos que no nos cuesta; ¿de dónde creéis palomitas que sale el dinero necesario para las infraestructuras?. Sí, debe ser la Primavera, que me pone reivindicativo.

28/4/08

Tú verás



Te voy a dar ventaja, haré como esos lobos que en la disputa de jerarquías, terminan ofreciendo el cuello al animal dominante, en señal de acatamiento. Me perdonarás no obstante que te dé la espalda, como me dijo en uno de mis viajes, el cacique de una tribu caníbal al empezar la cena. Lo hago; no por cobardía, o por regatear arterias que prueben mi buena fe, lo hago para no ver tus ojos; porque si su mirada es aún más intensa de lo que imagino, no podría resistirlo. Podrás morder, todo lo profundo que deseares, que yo me habré desmayado al sentir la avanzadilla de tus labios húmedos. Pero; ¡ay cuando me dé la vuelta!, sabrás porqué Miguel Hernández declaró la dentadura un arma; artilugio primitivo que puede modularse, y tornar saña en placer. Sentirás algo así, como aquel algodoncillo que precedía el llanto y el entrecerrar de ojos y músculos, en la blanca habitación del miedo prevenido de tus primeros años. No habrá aguja esta vez, podrás relajarte, y tras la tibia caricia que lubrica, caerán unos dientes comedidos, ... y cometodo. Unos brazos que te estrechan, que provocan y reprimen el espasmo, y la daga rumbo a tu corazón, por el camino que menos resistencia ofrezca.

22/4/08

Caca

He exorcizado a muchos demonios a lo largo de mi vida; los he expulsado de mí, y les he visto huir vencidos; a otros, simplemente los he ido barriendo bajo la alfombra. No sé en realidad si venían de serie, o me los fueron colando, en cada conducta a imitar, en cada gratificación, caricia o promesa de una vida mejor; la cuestión es que ese grupito del fondo, se me resiste.
Están como envalentonados estos días de viento; se adueñan de la casa y sus decisiones. En el escenario peripatético de "casa tomada", todo lo agitan con su furia de luces y sombras repentinas; el balancear violento de mi jardín, que sacude sus banderas agradecido por el agua.
De mí también se han adueñado, y braman mis entrañas por un poco de pelea, por un quítame allí esas pajas, o un cambiar de emisora al primer: "como la copa de un pino" que suelte un locutor. Me pongo muy pejiguero estos días y me mantengo alejado de aquellos a quienes no me gustaría perder; una estrategia como otra cualquiera, para enfrentarme a ellos, los diablos recurrentes de la soledad voluntariosa.
¿Y la próxima Primavera?; ¿seré aún capaz de plantarles cara?; ¿de ganarles una vez más la partida como aquel pusilánime Dustin Hoffman en la magnífica "Perros de paja"?.
El azogue vencido por el tiempo no es capaz de devolver los reflejos de nuestra antigua lozanía, ellos en cambio, son siempre poderosos, ágiles y persuasivos.
Hay en el transcurso del tiempo, toda la información necesaria, para saber de que habremos de andar, lo que resta, con pies de plomo; porque nada es lo que parece, todo es una representación. Este guión tácito de la comunicación entre humanos; estos códigos no escritos, aceptados como norma, y fomentados desde la fuente común donde abrevan los televidentes; los empleados en su puesto de trabajo, y los desempleados desde el coro de la tragedia.
Tiempos de épicas domésticas; en las que habrá quienes nieguen tener para que les den; quienes lo hagan para que no les quiten; quienes mientan querer para que les quieran, y quienes quieran de un modo, que sólo conseguirán que les mientan.
La memoria puede escondernos las llaves, saltarse una mensualidad de la enciclopedia en fascículos sobre mantones de Manila, pero cada gesto, cada golpe recibido, escuece, casi, como el primer día; está ahí para decirnos : "caca, que te quemas"; y uno está ya tan quemado, que obedece a la primera.

8/4/08

El viaje

Quería dejar el oasis, pero los vientos del oeste no aconsejaban ninguna travesía; en las noches, miraba el fuego como único entretenimiento, intentando ver una señal que me guiara, o diera sosiego a esos días cuando sientes que es la hora de partir, pero nada perece presagiar que allí donde vayas, podrás escapar de esa angustia difusa que te impulsa al viaje, o haya un cielo protector sobre tu cabeza. Los vientos del desierto son devastadores, y es una suerte que no haya nada que puedan arrasar, porque su furia incontenible, lacera la parte expuesta de la piel, y puede llevarse, aún más lejos, los montes azules que a veces se ven hacia el norte.
Sólo veía mi pasado en las llamas, mi infancia cerca del mar, siguiendo a Faruk en sus correrías; los ojos de Anuri, como faros ardientes en un mar de arena tibia; a mi madre sonriendo alegre tras el vapor del té, e inferí que el futuro no existe hasta que no arribamos a él.
Las chispas ascendían y giraban enloquecidas antes de extinguirse contra la oscura mancha parda de la noche ventosa, y creía ver en ellas, los segundos que se perdían en la nada ubicua de la espera, el tiempo que se hunde en el olvido, sin haber dado de sí, más que un preámbulo vacío e inquietante, que hace grande cualquier acontecimiento, por nimio que este sea; una batalla de escorpiones, o el tesoro inesperado de una piedra de formas caprichosas que nadie más ha visto antes, y sabes, o crees (porque a veces necesitas creer), que estaba allí aguardándote.
Cesó el torbellino cuando Royam vino a verme; trajo la vida consigo, y con ella me vistió; me así a su cintura como un náufrago haría, y sentí mis latidos tronar vertiginosos, empujando la riada repentina de la sangre que alimenta los sentidos; sentí el abandono dulce de mis músculos, acunados por su respiración tranquila, el aroma de su pelo, y supe, que había llegado a destino.