1/6/08

Libar

La lectura, como el vino, debe saborearse; el placer de tragar es siempre incompleto. La puntuación es el añejado de las palabras, tiempo y silencios que lo transformen en música sutil del entendimiento.
Me apena a veces, encontrar textos ricos, empobrecidos por una lenidad ortográfica que obliga a retroceder, no ya para volver a disfrutar, sino para tratar de entender.
Pretender que sean los demás los que terminen de escribir lo que uno apenas ha bosquejado, es un poco irrespetuoso a mi entender, porque no es importante cuánto escribas, sino que lo que has dejado para que otros lean, esté lo suficientemente definido como para que, las diversas interpretaciones que cabe esperar, no lo sean por una ambigüedad no buscada, y por lo tanto, más una piedra, un obstáculo, que un ejercicio de estilo.
Suelo leer en una voz interior, los textos que me encuentro; y es una partitura deliciosa aquella en la que no tropiezas en acentos olvidados, ni resbalas en ausencia de las comas. Suena entonces la melodía que acompaña el fraseo y la comprensión está garantizada; y cuando el ingenio y la sensibilidad rondan, te pierdes embelesado en otro ser humano. De eso se trata la literatura; no creo que sea necesario escribir un libro para empezar con las consideraciones gramaticales. Escribir, es suplir el habla con una representación simbólica, que obvia los efectos de la distancia y el tiempo; incluso puede saltarse la muerte, este camino de hormigas milagroso, que pone en contacto (y enfrenta) a los que se expresan.
Soy consciente de vivir en un tiempo presuroso, en el que la multiplicidad de estímulos fuerzan a las prisas, pero un bloguero no es un periodista; es más, la mayoría de ellos mismos, no lo son, y los correctores de texto pueden ser de ayuda en tanto se afianza el conocimiento y respeto de nuestra rica lengua.
Hace ya setentaicinco años, Fernando Pessoa observaba lo siguiente:
" El pensamiento puede tener elevación sin tener elegancia y, en la proporción en que no tenga elegancia, perderá la acción sobre los demás. La fuerza, sin la destreza, es una simple masa."