31/12/07

María

María querida, sé que has zarpado, al menos eso me han dicho, y yo no puedo saber si es así, porque no hay mares en este desierto enorme al que he llegado, para otear la lejanía y verte viajar a toda vela, haciendo equilibrio en el horizonte. Por eso te digo desde aquí, que te quiero, y no te digo nada nuevo, que te admiro (cosa que te he dicho cienes de veces), que tu discreción y afecto, no es que rondaran la perfección, sino que se habían pasado varios pueblos. Ya ves, el abuelete estaba en lo cierto, y parece que allí, el correo llega con la misma imprecisión que aquí, pero en sentido contrario. Lo que es curioso, es que no te hayas llevado tu bitácora; ¿cómo harás ahora para registrar las peripecias del viaje?. En realidad, creo que es mejor, y podré releerla hasta que regreses algún día, o nos encontremos por el camino. Ya ves, he cumplido mi promesa de no tirarte los tejos, cosa que seguramente me hubiera gustado, de no haberlo prometido. Hasta siempre, María de mi corazón.
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Tan lejos, sí
tan lejos, esos barcos
imaginarios.

………………………… Felipe Benítez Reyes

7/12/07

Una noche sin Frieda

Probablemente, es una de esas criaturas a las que, la desgracia, acosó en casi todas sus formas. Decidí que pasáramos la noche juntos, por no ahorrarle nada. La invoqué antes de ir a dormir; no recuerdo si me ayudé o no del Orfidal, la cuestión es que hacia allí fuí.
Frieda no acudió a la cita; seguramente andaba rabiando por la eternidad, a causa de Diego o el amor esquivo. Es tambien posible que anduviera intentándolo por enésima vez, con hombres, mujeres o sueños, pero no vino.
Fue así que me dedique a pasear solo, por las veredas del pasado lejano, aunque no desconocido. Estuve en el barrio de mi infancia; los mismos perros se repartían las esquinas, y los muertos iban a la compra, como si tal cosa. Hablando con alguno de ellos, supe que los difuntos, no son nada del otro mundo. Siguen tan plastas o encantadores como entonces, aunque se los ve más sueltos, más imaginativos.
Debido a una disfunción prostática crónica, aquellos "encuentros cercanos en la 4ª fase" (REM), se vieron interrumpidos. Volví a la casa azul, ...por ver si esta vez..., tampoco, quizás estuviera con Trotsky, o con Mercader.
¡Que lo sepas Frieda!, me debes una; sé que soñaré contigo, y hasta me harás un cuadro.