20/7/07

Soledad en defensa propia


Tarde o temprano, todos atravesamos un desierto, y por las condiciones hostiles del trayecto, juntamos nuestras voluntades y reparos, a otros viajeros. Así, las fuerzas unidas, hacen posible descartar algunos inconvenientes surgidos de la desigualdad de fuerzas entre el individuo y el universo.
He atravesado todos los desiertos de la tierra, y sin duda, los peores son aquellos páramos multitudinarios, donde se apiñan los acólitos de la máxima: "Hemos decidido vivir infelices, es más barato". Allí, se multiplican hasta el infinito, los problemas de la diversidad de costumbres de estas gentes unidas ocasionalmente por la caravana.
Cuando la distancia es grande, entre un caravasar y otro, surgen conflictos, por situaciones que habrían de obviarse bajo el influjo reparador de un oasis oportuno.
Entre nosotros, hay quien se desplaza para casarse; para comprar o para pagar algún tributo de fe. Incontables motivos, objetos del viaje para los que la caravana es una herramienta, un paso furtivo por la legión extranjera de los hombres. Pero hay quien vuelve de haberse casado, va a vender, o simplemente busca una fe como tributo a algún oscuro arrepentimiento. Para quienes el sentido está en el viaje, no hay posada ni oasis perpetuos que muevan sus pasos; son seres que buscan, pero en realidad no saben qué. Sólo tienen claro que nunca se llega, y hay nuevos principios tras cada final; han aprendido, que si todo tiene fin, es mejor que uno mismo lo escoja, y pasan la vida en esa soledad en defensa propia, que abre todos los caminos.
A veces, sólo a veces, cuando escuece alguna cicatriz, se inquietan, y temen ir a dormir, por si soñaran que han llegado, y se es feliz allí.

15/7/07

Celeste's blues

Celeste era una niña del suburbio, ave canora enjaulada en el balcón de su segundo piso, estirando su cuerpecito menudo, para prolongar su voz al mundo de ahí fuera. No podía concebir los veranos, cuando ambos padres salían a trabajar, sin las canciones siempre renovadas de aquella aprendiz de sirena. Abría mi ventana desafiando al calor para oírla. Pocas veces las melodías eran recurrentes, pero las letras eran siempre, lo que se le ocurriera en el momento; lo supe un día, en que la letra de su interminable canción, hablaba de las nubes viajeras, una especie de tren cósmico que mudaba los ríos; y ese día, llovía.
Era un verdadero prodigio de entonación, modulación y pasión, aquella niña de padres y hermano brutales. Se notaba la ausencia de lectura en sus composiciones de generación espontánea. Un payador sin oponente, un Martín Fierro de barrio cutre en el culo del mundo, eso era Celeste; como esclavo africano que cantaba, haciendo sonar la ahuecada palma contra el muslo, contra el suelo inmundo del destartalado barco negrero en que le dimos nuestra bienvenida.
No volví a saber de ella, la guerra me llevó lejos (porque había perdido), y desde mi exilio, escribo como cantaba Celeste sus Blues, estirando mis recuerdos, con la voz ajada de mis pensamientos, para confirmar que existo.

14/7/07

La boda




He soñado que corría por un parque, los músculos en tensión, la respiración acompasada y eficaz. Un placer añadido era el aire de Septiembre, el colorido y el pacífico recreo de los paseantes. Era una especie de visión puntillista de Seurat en "Tarde de domingo...".
Sentía que el mundo se inclinaba, o al menos, que el impulso no me costaba ningún esfuerzo, y en minutos, traspasé lo límites de la ciudad. Embriagado por el poderío inusual de mis piernas; por el mínimo desgaste, debido a esta inesperada y prolongada cuesta abajo, seguía los senderos al azar. Los diminutos puntos naranja, se adueñaban poco a poco del paisaje, y una tonalidad rojiza, estalló ante mis ojos cuando enfilé a ciegas, una enorme alameda rumbo al crepúsculo. No temía tropiezos ni extravíos; el gozo de correr libre, hacia una constelación de solecillos difusos, era plácido y embriagador. El aire, en el frescor de la tarde, era el bálsamo sensual con que mi piel, disfrutaba de la fiesta de los sentidos. Mi mente vagó, en lo que creí unos instantes, por mi juventud en Costa Rica, los corrales, el amor con Ilse, y aquella otra carrera prodigiosa que salvara mi vida.
Sentí una frenada larga, con su estruendo chirriante, que parecía girar alrededor de mí, como una bestia que acecha, buscando el punto más vulnerable. Me detuve, y un largo silencio se produjo, contuve la respiración. En el rítmico silencio, que el corazón musicaba, comencé a escuchar aquel "bip bip", que se hacía cada vez más audible. Sabía que en ese sonido estaba la clave de todo, y me concentré en él.
Apagué el móvil y miré por última vez mi cuarto de soltero; me disfracé despacio, Martina me espera a mediodía en el templo, y conoceré a su padre el pastor.
Quizás Ilse ya se haya casado, y olvidado todo aquello, quizás su hermano ya no quiera complicarse la vida; ...todo es posible, hasta un tipo corriendo de frac y Converse, en una mañana como esta.




De ángeles y dioses, siempre tuvimos
la visión confiada de que encima de nosotros, forzándonos, obran otras presencias.
Como encima de los rebaños que hay en los campos
nuestro esfuerzo, que ellos no comprenden, los constriñe y obliga,
y ellos, no nos notan.
Nuestro deseo, y nuestro pensamiento,
son las manos con las que otros nos guían,
hacia donde ellos quieren
que nosotros deseemos.

Ricardo Reis

10/7/07

Rumbo Este

Hoy he sacrificado a mi mejor caballo. No he llorado, pero he sentido instalarse una tristeza, que sé, nunca me abandonará. Seguramente esta noche soñaré que cabalgamos otra vez; esa fuerza coordinada de bestia y jinete, que eleva la mirada sobre el horizonte, y dota de un poder placentero desde el que afrontar el mundo.
Hoy le he soltado las bridas que en realidad nunca necesitó; hoy le he dado una libertad que quizás no quería. Hoy se ha marchado una parte de mí, detrás de sus huellas, que se perderán en las dunas para siempre, pero el resto prosiguió rumbo Este.

8/7/07

Caravanserai

Viajo desde que tengo uso de razón en esta caravana que atraviesa el desierto infinito. He aprendido muchas lenguas; sé hablar en el lenguaje de las señas, en el de las miradas, de la desconfianza y la amistad. He aprendido también, dialectos e idiomas específicos de las tierras en que me he demorado, viviendo amores y causas de las que conservo innúmeras cicatrices.
Comparto este viaje con gentes muy diversas de las que siempre he aprendido algo; de muchos, apenas a guardarme de ellos, y algún gracejo exótico. Somos comerciantes, que al no producir, nos vemos obligados a adquirir y legar, traficar y obtener a cambio una subsistencia digna, porque no hay mayor dignidad que el esfuerzo que nos hace una pieza indispensable del universo. Aldeanos, campesinos o mercaderes, son, en cada humilde acto, el efecto mariposa que nadie se ha tomado la molestia de mencionar en teoría alguna. Al pagar por nuestro té, damos de desayunar a un niño al que nunca conoceremos, que crecerá feliz, o morirá en una guerra cruel e injusta, pero esto ya pertenece a otra esfera futura, en que la disputa de unas tierras, con la demoledora excusa de las creencias, generará una guerra que alterará el precio del té.

7/7/07

Zahorí


Recuerdo haber tenido una amante negra, lo que no puedo recordar es el puente que la une a la frase : " cuando la vida me enseñó los dientes por primera vez". Recuerdo haber enamorado a una exótica morena, con unos ojos encendidos que no he vuelto a ver, y olvidado a una mujer clara por voluntad propia.
He aprendido a reconocer en los ojos de mis amantes, el principio y el final de cada sueño, pero he necesitado tantas lecciones que no voy a enorgullecerme por ello. Dentro de mí está el Infierno, y basta con que se apaguen sus ojos para que pueda encontrarlo. Ahora la vida me enseña los dientes; es más, me ha mordido en un par de ocasiones y me arrastro herido hacia abismos que no se reconocen al instante, un lento deslizarse hacia el lecho sombrío, del que solo se sale exprimiendo la memoria de los dulces días, los imaginarios y los reales, o arriesgándose una vez más a ser zahorí de miradas, piel e intenciones.