7/11/07

Una de bichos

Cuando todo empezó a salir mal, no me di cuenta; pensé que eran contratiempos aleatorios; circunstancias adversas y molestas, como el fin de la vida útil de un electrodoméstico, o la última taza de la abuela en un glorioso salto mortal (de necesidad) al embaldosado. No quisiera aburriros con la descripción detallada de un par de docenas de putadas del destino y sus adláteres, y por darle algo de color al asunto resumiré la cuestión como: una sucesión de marrones. Todo seguido, como puñaladas de enajenado.
Al fin, hasta la mente más aletargada, termina comprendiendo el carácter cósmico de la situación, y se prepara para el combate feroz contra el Universo y sus manías. Siestas de séis horas, comidas saltadas; cruentos debates internos y barba de tres días.
Ya estoy a punto.
¡Al toro! (y al loro)